
El tiempo es relativo y por lo tanto, desde ayer no escribo. Explicar porque desde ayer no escribo sería una bagatela para todos y un incordio para mí, así como una absurda explicación de mi vida. Por ello a aquellos que se que de cuando en cuando buscais si algo ha cambiado, deciros que todo ha cambiado aunque no salga escrito. Es otoño y con el otoño todo cambia. Por ello, voy a publicar aquí el último poema, por si tenéis ganas de leer para salir del tedio o lanzaros a la otra cara del otoño y cambiar completamente, y mudar la piel salada del verano.
Con la brevedad de la amapola
Hasta los cúmulos se adormecen a la vera del otoño,
en cambio tú, despiertas como una amapola escarlata
superado el equinoccio de setiembre,
temerosa y primeriza, palpitando entre las gramíneas
a la espera de la primavera
para irrumpir en flores con la brusquedad de un hálito.
Después vendrás a morir en la esquina de un nuevo verano
-sin que nadie aseste la puñalada-,
silenciosa y cadente,
-sin que el frío cercene el débil tallo-,
recordando la brevedad de la amapola.
PD: La amapola, como el amor, se utiliza también de somnifero ligero.
Hasta pronto.